jueves, 26 de abril de 2012


En silencio

No es que no haya escrito por desgana o por que no me importen los dos seguidores  de este blog. Tampoco es porque este espacio no merezcan mi tiempo; pasa que muchas veces la ausencia es también una forma de estar. Pero por si a alguien le hiciera falta, para ellos es que hoy  escribo estas líneas tan sin timón, tan sin sentido pero tan necesarias para manifestarles mi agradecimiento. Es que  hasta para escribir hay que tener estilo, no quiero escribir por que sí, porque alguien me esté esperando o porque llegada la  fecha hay que publicar una nota, la que sea.  
Y es que no hay nada nuevo que contar pero si mucho que leer; dentro del taller El Erotismo en la Literatura Mexicana de Frank Loveland, leeremos a Inés Arredondo y a Juan García Ponce, excelentes autores, excelentes Excusas…  Entonces, habrá que contar.

jueves, 8 de marzo de 2012

En Atlixco

Un grupo de escritores, más que amigos, mi familia literaria: Esperanza, Mario, César, Israel, Saúl y yo; bohemios desequilibrados, que encontramos en la literatura nuestra Estrella Polar, fuimos invitados para leer en la Casa de la Cultura de Atlixco. Nos preparamos con entusiasmo para el evento porque, ir a Atlixco siempre es un placer, ya sea por flores, muchas flores o por una rica nieve al Zócalo, por un buen plato de Cecina o bien, por un pedazo generoso de buen sol para la piel un fin de semana cualquiera.
En mi caso, de vez en cuando suelo ir a Atlixco en busca de buenos recuerdos, cuando visito a los amigos, queridos colegas del tiempo en que fui vendedora de coches, tiempos en que ese oficio era una forma de ser en esta búsqueda constante de realización que es la vida, pero que tuve que dejar de lado, muy a mi pesar, porque no logré encontrar un espacio en ese mundo de carrocerías color rojo bermellón o plata y arena metálicos, de defensas cromadas, de faros de niebla, rines de aluminio e interiores equipados. El oficio me desgastaba, pero Atlixco me seducía con su magia y, sin darme cuenta, me atrapó para siempre.
En suma, a Atlixco se va porque sí, con excusas o sin ellas, pero por fortuna, leer en la Casa de la cultura con mi muy peculiar familia literaria, es excusa suficiente para visitar Atlixco, y también es, Excusa para un bar.

martes, 21 de febrero de 2012

Morir en el intento

Cuando decidí escribir, lo hice pensando en que quería ser novelista. No encumbrada ni famosa, sino, simple y llanamente una humilde novelista que escribiera historias de amor en donde los personajes amaran y sufrieran y, en sus intentos por vivir, encontraran la felicidad o la desdicha eterna. Me incitaba la idea de crear un mundo nuevo en el que habitaran personajes, también creados por mí, que transitarían a diestra y siniestra con su propia ideología, con sus reglas y parámetros propios, un mundo donde pudieran soñar, reír, discutir, llorar, sexar… en fin, lo que les viniera mejor hacer.
Decidida, me lancé a escribir la primera novela. Si el mundo que habito, según reza la historia, se hizo en siete días y, tomando en cuenta mis limitaciones de ser terrenal, tal vez yo logre mi propósito en siete semanas, pensé. No, en siete semanas y media, por si fuera insuficiente el tiempo y además, porque eso suena más literario, corregí ya instalada en mi papel de novelista en ciernes. Inicié mi propósito con ahínco; en un mes había creado más personajes de los que me imaginé era capaz de crear. Sus vidas se entrelazaron creando una densa nube de conflictos que no tenían una sana solución. No había amor entre ellos y tampoco manera de conciliarlos. Eran muchos y todos tenían metas diferentes, ninguno de ellos mostraba interés por los demás. Parecía como si cada uno quisiera tener un espacio exclusivo para contar su propia historia. Todo se volvió un caos. Con tristeza acepté que mi proyecto de novela había fracasado y que debía hacer algo al respecto; separé a cada uno de los personajes y les di un lugar propio y, sin pensarlo, hice un cuento y después otro y otro y, aunque inicialmente, escribir cuentos no era mi propósito, los escribo sin hacer de lado mi inquietud por ser novelista. He vuelto a intentarlo y debo reconocer que en mi deseo por escribir novelas, sólo he conseguido “hacerle al cuento”.

martes, 14 de febrero de 2012

Nos sobran las excusas


Lectura de novela (2ª parte)
Después de una involuntaria ausencia y, esperando contar con su comprensión, estamos de vuelta.
Primero que nada, quiero agradecer el interés de las personas que navegan por la inmensa virtualidad y tienen la gentileza de bajar en este puerto; en especial, agradecer a  Jaunjo, quién con su comentario, nos da la Excusa para contarles que la lectura de novela, del pasado siete de Dic, no pudo haber salido mejor y, todo, gracias a quienes gentilmente participaron en ella, dando muestra de su capacidad literaria para crear y recrear un espacio a partir de sus inquietudes, vivencias y obsesiones, y también, de sus excusas:
Algunos, como Mary Furffy, y Oralia, escriben intentando rescatar la historia de sus antepasados, para que ésta no se pierda en el olvido.

                                
                         
                      


Otros, como, Carmelita, Paty, Lupita y José Manuel, prefieren, reescribir la historia  intentando crear un mundo diferente.

                          
Otros como don Jesús y Gerardo, sólo desean dar rienda suelta a su imaginación y escribir, principalmente, a partir de sus sueños y obsesiones.

Para todos ellos, una sincera felicitación y mi agradecimiento por su entusiasmo. Deseo que sus historias lleguen a buen fin, que pronto vean fructificado el esfuerzo invertido para realizar su proyecto y que nunca les falten excusas para escribir, que no les falten, Excusas para un bar.

Agradecimientos:
A la Maestra Beatriz Meyer
por la confianza.

A Hilda Aguilar
por el apoyo.

Al público
por su paciencia.

A Luis Enrique R. E.
por las fotografías.





martes, 6 de diciembre de 2011

Lectura de novela

(1ª Parte)
Son muchas y muy diversas las razones que motivan la inquietud literaria de un escritor; tal vez escriba para crear un universo propio o para contar las acontecimientos  de la manera en que le hubiera gustado que sucedieran. Quizá escriba porque a la historia de su vida le falta un capítulo o tal vez, porque los ingresos son insuficientes y necesita con urgencia una terapia psicológica. Cabe la posibilidad, también, de que los fantasmas de su vida lo persigan y entonces, precisa encerrarlos a golpes de teclado en un archivo de su computadora o bien, entre las hojas del cuaderno que, invariablemente, le hace compañía... en fin, son muchas las razones que impulsan al escritor a lanzarse a la tarea ardua de crear una obra literaria, a dedicar horas y horas de trabajo obstinado a un quehacer que lo mantendrá alejado del mundo real  y de sus más preciados afectos  y, sin embargo, lo hace porque la escritura es su medio de expresión y porque a pesar de todo, ama su oficio.

martes, 22 de noviembre de 2011

Con alas de murciélago


Durante mi infancia, no quise saber nada de monstruos ni de brujas y mucho menos de la sangre que alimentaba a los vampiros; esa sólo existió en la avería constante de mis rodillas pardas. Me era difícil huir de los niños que hablaban de muertos o, peor aún, de los que gozaban de espantar a los que nos asustábamos, muy fácilmente, con los horrores que se escondían en la noche, bajo la cama o detrás de la ventana.
Si en aquel entonces me hubieran dicho que años después lloraría por no conseguir un boleto para asistir a una charla de muertos, de vampiros y demás temas escabrosos  en los que se ha especializado nuestro invitado, Roberto Coria, jamás lo hubiera creído.
Con motivo de su visita a esta ciudad de Puebla, el próximo día 26 de Noviembre, como conferencista en el X Congreso Internacional de Psicología Jurídica y Criminológica "Crimen, Emociones y Castigo", Excusas para un bar brinda este  espacio al maestro Roberto Coria y agradece su amistad y su sapiencia, porque gracias a él, los misterios de la noche, los monstruos y las brujas, los muertos y los vampiros ahora son excusas para historias fantásticas y sobretodo,  excusas para un bar.

Una pequeña confusión o la chica muerta de la caja de cristal
(Roberto Coria)
(Capítulo suprimido de la edición original del Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires ou les revenants de Hongrie, de Moravie, & c., de Dom Agustin Calmet, 1751)
35 bis
LLEGAMOS AL CASO DE UNA PRINCESA MUERTA QUE DESCANSABA INCORRUPTA EN SU SEPULCRO

Refiere Vicenzo Della Castagne, consejero de su serenísima alteza real Leopoldo, primer duque de Lorena, que en la región alemana de Cassel habitó una princesa de increíble belleza que vivía en el exilio y aún siendo muy joven murió mientras comía un fruto, probablemente atragantada. Con toda la suntuosidad que su condición nobiliaria le otorgaba, sus sirvientes colocaron su cadáver en un altar en medio del bosque, en un féretro de cristal bellamente adornado con filos de oro e incrustaciones de diamantes.
Pasaron varios meses hasta que una mujer anciana, de aspecto frágil y desastrado que aseguró se dedicaba al comercio de puerta en puerta, se presentó ante el general Hansen, primer capitán del regimiento de infantería de Düseldorf, para informarle de las visitas espectrales que le asediaban por las noches. Según la mujer, la bella princesa muerta meses atrás le acosaba y había intentado en varias ocasiones alimentarse con su sangre. La anciana aseguró también que la reviniente era resguardada en las horas diurnas por siete duendes perversos que practicaban rituales de magia negra.
El general Hansen se trasladó inmediatamente hasta Cassel en compañía de otros oficiales, un cirujano y un auditor.
Al llegar al altar en medio del bosque, Hansen y su comitiva encontraron a los siete duendes alrededor del cadáver de la princesa muerta, probablemente en medio de una ceremonia demoníaca. Al ver en peligro la integridad de la reviniente, los duendes atacaron a los soldados con picos de minero y otras armas punzantes, pero fueron fácilmente repelidos por las espadas de los agentes de la ley y conducidos los sobrevivientes a la hoguera.
Hansen y el cirujano encontraron que el cadáver de la princesa lucía como si acabase de expirar, con la sangre circulando como la de una mujer viva. Su belleza permanecía incorrupta. Su cabello negro como el ébano, su rostro pálido y blanco como la nieve, sus mejillas ruborizadas, los labios carnosos y rojos como la sangre, sus miembros flexibles y ausentes de rigidez cadavérica.
El general Hansen de inmediato ordenó que un gran clavo de plata fuera enterrado en su corazón. Posteriormente el cadáver de la reviniente fue decapitado y su cuerpo incinerado, otorgándosele así el descanso eterno.
Antes de regresar a casa, Hansen y sus soldados recibieron una humilde, merecida y deliciosa recompensa por su valor. Todos devoraron las jugosas manzanas que les regaló la anciana.


Roberto Coria.
 “Mi madre me procuró muchas lecturas, desde cuentos de hadas clásicos, sus versiones de Disney, historietas de Batman, libros de Criminalística. Ella puso una edición de Drácula en mis manos, ella dio alas de murciélago a mi imaginación, Sin sonar cursi, le debo los cimientos de quien soy”.

martes, 15 de noviembre de 2011

Por la plaza del pueblo

“Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse…”
(J. Cortázar)


Sólo acepté ingresar al famoso, Facebook, cuando para entenderlo, lo concebí como una gran plaza pública de antaño; un zócalo al más puro estilo pueblerino, con un quiosco en el  centro en donde la banda tocaba incansable, mientras los jóvenes, ahora abuelos o, bisabuelos tal vez, bajo la excusa de conocer nuevos amigos y amigas, cuando en realidad buscaban al amor de su vida, caminaban por ahí o se sentaban en las bancas  para ver pasar a las chicas que también salían a pasear, con la misma excusa, los domingos por la tarde.
Así sucedían las cosas en un tiempo en donde todo era más fácil, primero porque las comunidades de amigos no eran tan grandes y luego, porque  todos mostraban su rostro. Estoy segura de que en aquel tiempo, nadie salía a pasear tapándose  la cara con la foto de un perro o un gato, para mostrar al público a su querida mascota. Sin embargo, en aquel entonces no hubiera sido posible conocer a alguien que no perteneciera a la misma comunidad o peor aún, que viviera en otro país.
Una vez concebida la idea, me dispuse a vagar por internet, o sea, a pasear por la plaza del pueblo para conocer gente. En una ocasión, cuando me senté en una de las bancas, un sujeto que estaba ahí sentado y llevaba un libro en las manos, me saludó y me lo mostró. No me lo prestaba,  sólo me lo mostró y me invitó conseguirlo para leerlo y después, hacer comentarios respecto al libro en su taller literario.
Dijo ser español y ahora es mi amigo. Se llama Pedro A. Ramos García. Es escritor y guionista. Le gustan los gatos, las ventanas, los amigos y la buena conversación. A lo largo de su vida ha realizado muchas y muy variadas actividades laborales, sin embargo,  son las literarias las que le pondero en esta ocasión, porque las realiza de manera exquisita, y porque no he conocido a nadie que ame tanto su quehacer literario como él, y para muestra, este bello botón:

Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik, en la contundente interpretación de Pedro Ramos, son excelentes, excusas para un bar.