Durante mi infancia, no quise saber nada de monstruos ni de brujas y mucho menos de la sangre que alimentaba a los vampiros; esa sólo existió en la avería constante de mis rodillas pardas. Me era difícil huir de los niños que hablaban de muertos o, peor aún, de los que gozaban de espantar a los que nos asustábamos, muy fácilmente, con los horrores que se escondían en la noche, bajo la cama o detrás de la ventana.
Si en aquel entonces me hubieran dicho que años después lloraría por no conseguir un boleto para asistir a una charla de muertos, de vampiros y demás temas escabrosos en los que se ha especializado nuestro invitado, Roberto Coria, jamás lo hubiera creído.
Con motivo de su visita a esta ciudad de Puebla, el próximo día 26 de Noviembre, como conferencista en el X Congreso Internacional de Psicología Jurídica y Criminológica "Crimen, Emociones y Castigo", Excusas para un bar brinda este espacio al maestro Roberto Coria y agradece su amistad y su sapiencia, porque gracias a él, los misterios de la noche, los monstruos y las brujas, los muertos y los vampiros ahora son excusas para historias fantásticas y sobretodo, excusas para un bar.
Una pequeña confusión o la chica muerta de la caja de cristal
(Roberto Coria)
(Capítulo suprimido de la edición original del Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires ou les revenants de Hongrie, de Moravie, & c., de Dom Agustin Calmet, 1751)
35 bis
LLEGAMOS AL CASO DE UNA PRINCESA MUERTA QUE DESCANSABA INCORRUPTA EN SU SEPULCRO
Refiere Vicenzo Della Castagne, consejero de su serenísima alteza real Leopoldo, primer duque de Lorena, que en la región alemana de Cassel habitó una princesa de increíble belleza que vivía en el exilio y aún siendo muy joven murió mientras comía un fruto, probablemente atragantada. Con toda la suntuosidad que su condición nobiliaria le otorgaba, sus sirvientes colocaron su cadáver en un altar en medio del bosque, en un féretro de cristal bellamente adornado con filos de oro e incrustaciones de diamantes.
Pasaron varios meses hasta que una mujer anciana, de aspecto frágil y desastrado que aseguró se dedicaba al comercio de puerta en puerta, se presentó ante el general Hansen, primer capitán del regimiento de infantería de Düseldorf, para informarle de las visitas espectrales que le asediaban por las noches. Según la mujer, la bella princesa muerta meses atrás le acosaba y había intentado en varias ocasiones alimentarse con su sangre. La anciana aseguró también que la reviniente era resguardada en las horas diurnas por siete duendes perversos que practicaban rituales de magia negra.
El general Hansen se trasladó inmediatamente hasta Cassel en compañía de otros oficiales, un cirujano y un auditor.
Al llegar al altar en medio del bosque, Hansen y su comitiva encontraron a los siete duendes alrededor del cadáver de la princesa muerta, probablemente en medio de una ceremonia demoníaca. Al ver en peligro la integridad de la reviniente, los duendes atacaron a los soldados con picos de minero y otras armas punzantes, pero fueron fácilmente repelidos por las espadas de los agentes de la ley y conducidos los sobrevivientes a la hoguera.
Hansen y el cirujano encontraron que el cadáver de la princesa lucía como si acabase de expirar, con la sangre circulando como la de una mujer viva. Su belleza permanecía incorrupta. Su cabello negro como el ébano, su rostro pálido y blanco como la nieve, sus mejillas ruborizadas, los labios carnosos y rojos como la sangre, sus miembros flexibles y ausentes de rigidez cadavérica.
El general Hansen de inmediato ordenó que un gran clavo de plata fuera enterrado en su corazón. Posteriormente el cadáver de la reviniente fue decapitado y su cuerpo incinerado, otorgándosele así el descanso eterno.
Antes de regresar a casa, Hansen y sus soldados recibieron una humilde, merecida y deliciosa recompensa por su valor. Todos devoraron las jugosas manzanas que les regaló la anciana.
Roberto Coria.
“Mi madre me procuró muchas lecturas, desde cuentos de hadas clásicos, sus versiones de Disney, historietas de Batman, libros de Criminalística. Ella puso una edición de Drácula en mis manos, ella dio alas de murciélago a mi imaginación, Sin sonar cursi, le debo los cimientos de quien soy”.