martes, 6 de diciembre de 2011

Lectura de novela

(1ª Parte)
Son muchas y muy diversas las razones que motivan la inquietud literaria de un escritor; tal vez escriba para crear un universo propio o para contar las acontecimientos  de la manera en que le hubiera gustado que sucedieran. Quizá escriba porque a la historia de su vida le falta un capítulo o tal vez, porque los ingresos son insuficientes y necesita con urgencia una terapia psicológica. Cabe la posibilidad, también, de que los fantasmas de su vida lo persigan y entonces, precisa encerrarlos a golpes de teclado en un archivo de su computadora o bien, entre las hojas del cuaderno que, invariablemente, le hace compañía... en fin, son muchas las razones que impulsan al escritor a lanzarse a la tarea ardua de crear una obra literaria, a dedicar horas y horas de trabajo obstinado a un quehacer que lo mantendrá alejado del mundo real  y de sus más preciados afectos  y, sin embargo, lo hace porque la escritura es su medio de expresión y porque a pesar de todo, ama su oficio.

martes, 22 de noviembre de 2011

Con alas de murciélago


Durante mi infancia, no quise saber nada de monstruos ni de brujas y mucho menos de la sangre que alimentaba a los vampiros; esa sólo existió en la avería constante de mis rodillas pardas. Me era difícil huir de los niños que hablaban de muertos o, peor aún, de los que gozaban de espantar a los que nos asustábamos, muy fácilmente, con los horrores que se escondían en la noche, bajo la cama o detrás de la ventana.
Si en aquel entonces me hubieran dicho que años después lloraría por no conseguir un boleto para asistir a una charla de muertos, de vampiros y demás temas escabrosos  en los que se ha especializado nuestro invitado, Roberto Coria, jamás lo hubiera creído.
Con motivo de su visita a esta ciudad de Puebla, el próximo día 26 de Noviembre, como conferencista en el X Congreso Internacional de Psicología Jurídica y Criminológica "Crimen, Emociones y Castigo", Excusas para un bar brinda este  espacio al maestro Roberto Coria y agradece su amistad y su sapiencia, porque gracias a él, los misterios de la noche, los monstruos y las brujas, los muertos y los vampiros ahora son excusas para historias fantásticas y sobretodo,  excusas para un bar.

Una pequeña confusión o la chica muerta de la caja de cristal
(Roberto Coria)
(Capítulo suprimido de la edición original del Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires ou les revenants de Hongrie, de Moravie, & c., de Dom Agustin Calmet, 1751)
35 bis
LLEGAMOS AL CASO DE UNA PRINCESA MUERTA QUE DESCANSABA INCORRUPTA EN SU SEPULCRO

Refiere Vicenzo Della Castagne, consejero de su serenísima alteza real Leopoldo, primer duque de Lorena, que en la región alemana de Cassel habitó una princesa de increíble belleza que vivía en el exilio y aún siendo muy joven murió mientras comía un fruto, probablemente atragantada. Con toda la suntuosidad que su condición nobiliaria le otorgaba, sus sirvientes colocaron su cadáver en un altar en medio del bosque, en un féretro de cristal bellamente adornado con filos de oro e incrustaciones de diamantes.
Pasaron varios meses hasta que una mujer anciana, de aspecto frágil y desastrado que aseguró se dedicaba al comercio de puerta en puerta, se presentó ante el general Hansen, primer capitán del regimiento de infantería de Düseldorf, para informarle de las visitas espectrales que le asediaban por las noches. Según la mujer, la bella princesa muerta meses atrás le acosaba y había intentado en varias ocasiones alimentarse con su sangre. La anciana aseguró también que la reviniente era resguardada en las horas diurnas por siete duendes perversos que practicaban rituales de magia negra.
El general Hansen se trasladó inmediatamente hasta Cassel en compañía de otros oficiales, un cirujano y un auditor.
Al llegar al altar en medio del bosque, Hansen y su comitiva encontraron a los siete duendes alrededor del cadáver de la princesa muerta, probablemente en medio de una ceremonia demoníaca. Al ver en peligro la integridad de la reviniente, los duendes atacaron a los soldados con picos de minero y otras armas punzantes, pero fueron fácilmente repelidos por las espadas de los agentes de la ley y conducidos los sobrevivientes a la hoguera.
Hansen y el cirujano encontraron que el cadáver de la princesa lucía como si acabase de expirar, con la sangre circulando como la de una mujer viva. Su belleza permanecía incorrupta. Su cabello negro como el ébano, su rostro pálido y blanco como la nieve, sus mejillas ruborizadas, los labios carnosos y rojos como la sangre, sus miembros flexibles y ausentes de rigidez cadavérica.
El general Hansen de inmediato ordenó que un gran clavo de plata fuera enterrado en su corazón. Posteriormente el cadáver de la reviniente fue decapitado y su cuerpo incinerado, otorgándosele así el descanso eterno.
Antes de regresar a casa, Hansen y sus soldados recibieron una humilde, merecida y deliciosa recompensa por su valor. Todos devoraron las jugosas manzanas que les regaló la anciana.


Roberto Coria.
 “Mi madre me procuró muchas lecturas, desde cuentos de hadas clásicos, sus versiones de Disney, historietas de Batman, libros de Criminalística. Ella puso una edición de Drácula en mis manos, ella dio alas de murciélago a mi imaginación, Sin sonar cursi, le debo los cimientos de quien soy”.

martes, 15 de noviembre de 2011

Por la plaza del pueblo

“Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse…”
(J. Cortázar)


Sólo acepté ingresar al famoso, Facebook, cuando para entenderlo, lo concebí como una gran plaza pública de antaño; un zócalo al más puro estilo pueblerino, con un quiosco en el  centro en donde la banda tocaba incansable, mientras los jóvenes, ahora abuelos o, bisabuelos tal vez, bajo la excusa de conocer nuevos amigos y amigas, cuando en realidad buscaban al amor de su vida, caminaban por ahí o se sentaban en las bancas  para ver pasar a las chicas que también salían a pasear, con la misma excusa, los domingos por la tarde.
Así sucedían las cosas en un tiempo en donde todo era más fácil, primero porque las comunidades de amigos no eran tan grandes y luego, porque  todos mostraban su rostro. Estoy segura de que en aquel tiempo, nadie salía a pasear tapándose  la cara con la foto de un perro o un gato, para mostrar al público a su querida mascota. Sin embargo, en aquel entonces no hubiera sido posible conocer a alguien que no perteneciera a la misma comunidad o peor aún, que viviera en otro país.
Una vez concebida la idea, me dispuse a vagar por internet, o sea, a pasear por la plaza del pueblo para conocer gente. En una ocasión, cuando me senté en una de las bancas, un sujeto que estaba ahí sentado y llevaba un libro en las manos, me saludó y me lo mostró. No me lo prestaba,  sólo me lo mostró y me invitó conseguirlo para leerlo y después, hacer comentarios respecto al libro en su taller literario.
Dijo ser español y ahora es mi amigo. Se llama Pedro A. Ramos García. Es escritor y guionista. Le gustan los gatos, las ventanas, los amigos y la buena conversación. A lo largo de su vida ha realizado muchas y muy variadas actividades laborales, sin embargo,  son las literarias las que le pondero en esta ocasión, porque las realiza de manera exquisita, y porque no he conocido a nadie que ame tanto su quehacer literario como él, y para muestra, este bello botón:

Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik, en la contundente interpretación de Pedro Ramos, son excelentes, excusas para un bar.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Una bonita costumbre

Ahora voy rumbo al sur a sentar plaza
desdeñando otros puntos cardinales
y el sol encarcelado en la terraza.
Voy rumbo al sur buscando
tus besos espirales.

(J. M. Serrat)


Por qué el epígrafe, por qué Serrar, por qué escribir…

Mentiría si dijera que fue Serrat el que me incitó a escribir. Él sólo me cautivó desde que lo escuché por vez primera, cuando tenía siete años. Lo que si no es mentira, es que gracias a él aprendí a usar la máquina de escribir.
Aunque me llamaba la atención el artefacto, las prácticas eran monótonas y aburridas; uno por uno, mis dedos golpeaban cada una de las teclas para hacer largas listas de pequeños bloques de letras sin sentido. Hojas completamente llenas de letras que no decían nada: qwert poiuy asdfg ñlkjh zxcvb… en verdad lo alucinaba. Las  horas se hacían largas y, más aún, cuando por la ventana se escuchaban los gritos de los niños que jugaban en el patio y yo, en la casa, sentada ante la máquina, escribiendo puras tonterías y lo peor de todo era, que lo hacía por voluntad propia porque de verdad quería aprender a usar la máquina y escribir tan rápido como lo hacía mi mamá.

A Serrat lo escuchaba cuando lo hacía mi madre y, me gustaba, pero no sabía a ciencia cierta por qué. Una tarde le pregunté a ella. Me gusta porque es diferente y no dice tonterías y, además, está guapísimo, dijo mi mamá con la portada del, en ese entonces, LP de Mediterráneo en las manos y me la mostró. No pude entender y, mucho menos constatar lo que decía mi mamá. A mí lo que en realidad me sorprendió mucho, fue que la funda del disco tuviera impresa la letra de las canciones. Era de los pocos artistas, si no es que el único, que en aquél entonces hacía eso.
Copié una canción, “Barquito de papel” porque era la que más me gustaba en aquel tiempo. Me llevó toda la tarde hacerlo pero me gustó. Al día siguiente, copié otra, no recuerdo cual fue y, tampoco importa, porque después de un tiempo, todas las canciones del disco estaban copiadas a máquina. Después, mi mamá compró otro disco y luego otro y otro, y yo seguí escuchándolo y copiando las canciones y, además, aprendiendo a escribir a máquina, que no es lo mismo que “escribir”; eso lo aprendí mucho tiempo después. Perdón, debo decir, esa inquietud  llegó mucho tiempo después, porque en este mundo literario nunca termina uno de aprender y, es que nadie puede enseñarte a escribir; los escritores te guían, te orientan pero la escritura personal sale de las entrañas mentales de cada quién, de la esencia de cada quién, de los vicios y las obsesiones de cada quién, de los sueños, los deseos y hasta el amor de cada uno de nosotros.

Empecé a escribir cuando conocí el amor por escrito y no sabía que hacer con él. Eran cartas y cartas que no se podían quedar sin contestación. Fue entonces cuando tuve la imperante necesidad de escribir para intentar corresponder de la misma manera a tantas palabras cargadas de sentido y emoción; para intentar así, acercarme al alma de aquel individuo sin rostro aunque estuviera a kilómetros y kilómetros de distancia. Después surgió la necesidad de amarle, acariciar su rostro y entonces, lo hice con palabras, mientras que él, palabra por palabra me daba sus "versos en la boca"... Ahí está otra vez, el tal Serrat. Se aparece en todo lo que digo y ahora hasta en lo que escribo. Juro que no es un vicio malsano, simplemente, me parece una bonita costumbre y además, una buena Excusa para un bar. 

martes, 1 de noviembre de 2011

Excusas

No hay nada mas bello que lo que nunca he tenido,
nada más amado que lo que perdí.
Perdóname si, hoy busco en la arena
una luna llena, que arañaba el mar…

(J. M. Serrat)


Perdóname  sí,  hoy busco en este enjambre cibernético un espacio para tramar, en silencio,  el  hilo de mi voz; por sumarme a tu mundo sin entender, a plenitud,  como es que las palabras vienen y van, y como es que ahora, nuestras emociones se conectan cuando encendemos el ordenador.
Perdóname sí, hoy me conduzco en tu mundo, bienquisto cibernauta, sin saber a ciencia cierta si mi mensaje viaja en un rayo de luz o, cursilonamente, en una nube de algodón, deslizándose  a capricho del océano virtual,  tal y como en algún tiempo lo hiciera  la botella mensajera a merced del mar.
Perdóname sí,  no pude resistirme a los encantos de esta modernidad que revoluciona los  sentidos y alborota  los corazones, por creer erróneamente que subimos a ningún lugar y nos sentamos en ninguna parte  a conversar con todos y con nadie y que, sin embargo, recibimos respuesta desde cualquier rincón del mundo.
Perdóname sí, hoy busco excusas para irrumpir en tu espacio, excusas para escribir, excusas  para un bar…
“Y los días continuaron por si algo vuelva a ser
lo que nadie pudo captar.
Los artistas fallecieron de tristeza,
hoy sólo somos excusas para un bar”.
G.M.