lunes, 7 de noviembre de 2011

Una bonita costumbre

Ahora voy rumbo al sur a sentar plaza
desdeñando otros puntos cardinales
y el sol encarcelado en la terraza.
Voy rumbo al sur buscando
tus besos espirales.

(J. M. Serrat)


Por qué el epígrafe, por qué Serrar, por qué escribir…

Mentiría si dijera que fue Serrat el que me incitó a escribir. Él sólo me cautivó desde que lo escuché por vez primera, cuando tenía siete años. Lo que si no es mentira, es que gracias a él aprendí a usar la máquina de escribir.
Aunque me llamaba la atención el artefacto, las prácticas eran monótonas y aburridas; uno por uno, mis dedos golpeaban cada una de las teclas para hacer largas listas de pequeños bloques de letras sin sentido. Hojas completamente llenas de letras que no decían nada: qwert poiuy asdfg ñlkjh zxcvb… en verdad lo alucinaba. Las  horas se hacían largas y, más aún, cuando por la ventana se escuchaban los gritos de los niños que jugaban en el patio y yo, en la casa, sentada ante la máquina, escribiendo puras tonterías y lo peor de todo era, que lo hacía por voluntad propia porque de verdad quería aprender a usar la máquina y escribir tan rápido como lo hacía mi mamá.

A Serrat lo escuchaba cuando lo hacía mi madre y, me gustaba, pero no sabía a ciencia cierta por qué. Una tarde le pregunté a ella. Me gusta porque es diferente y no dice tonterías y, además, está guapísimo, dijo mi mamá con la portada del, en ese entonces, LP de Mediterráneo en las manos y me la mostró. No pude entender y, mucho menos constatar lo que decía mi mamá. A mí lo que en realidad me sorprendió mucho, fue que la funda del disco tuviera impresa la letra de las canciones. Era de los pocos artistas, si no es que el único, que en aquél entonces hacía eso.
Copié una canción, “Barquito de papel” porque era la que más me gustaba en aquel tiempo. Me llevó toda la tarde hacerlo pero me gustó. Al día siguiente, copié otra, no recuerdo cual fue y, tampoco importa, porque después de un tiempo, todas las canciones del disco estaban copiadas a máquina. Después, mi mamá compró otro disco y luego otro y otro, y yo seguí escuchándolo y copiando las canciones y, además, aprendiendo a escribir a máquina, que no es lo mismo que “escribir”; eso lo aprendí mucho tiempo después. Perdón, debo decir, esa inquietud  llegó mucho tiempo después, porque en este mundo literario nunca termina uno de aprender y, es que nadie puede enseñarte a escribir; los escritores te guían, te orientan pero la escritura personal sale de las entrañas mentales de cada quién, de la esencia de cada quién, de los vicios y las obsesiones de cada quién, de los sueños, los deseos y hasta el amor de cada uno de nosotros.

Empecé a escribir cuando conocí el amor por escrito y no sabía que hacer con él. Eran cartas y cartas que no se podían quedar sin contestación. Fue entonces cuando tuve la imperante necesidad de escribir para intentar corresponder de la misma manera a tantas palabras cargadas de sentido y emoción; para intentar así, acercarme al alma de aquel individuo sin rostro aunque estuviera a kilómetros y kilómetros de distancia. Después surgió la necesidad de amarle, acariciar su rostro y entonces, lo hice con palabras, mientras que él, palabra por palabra me daba sus "versos en la boca"... Ahí está otra vez, el tal Serrat. Se aparece en todo lo que digo y ahora hasta en lo que escribo. Juro que no es un vicio malsano, simplemente, me parece una bonita costumbre y además, una buena Excusa para un bar. 

2 comentarios:

  1. Me gusta mucho tu fluidez al escribir. Lo de Serrat me encantó, ya que a mí me sucedió muy parecido con Johnn Lennon. Te felicito Martha, adelante!

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